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Fernando
Vigorena
Entrepreneur-Consultores
Durante el año
1998 el libro La inteligencia emocional fue uno de los libros más vendidos en Chile
sobretodo entre los ejecutivos y profesionales, pero consultados sobre los contenidos del
mismo resulta que la mayoría lo había comprado pero no lo había leído y creo que puede
ser porque el libro es muy árido y técnico y poco entretenido como queremos ahora
digerir todo. Esto que parece contradictorio se ha tornado en una moda al igual que el
propio tema de la inteligencia emocional de la cual se habla mucho y se practica poco.
Ahora los libros se
compran pero no se leen. El conocimiento lo obtenemos de la rápida lectura de un diario,
el zapping en la televisión y algunos escasos cursos de capacitación o charlas que
asistimos. Ahora no se dice "¿quien tiene los pantalones en esta casa, sino quien
tiene el control remoto en esta casa?"
Sin lugar a dudas
que la afectividad y las emociones constituyen una puerta de entrada a la reflexión sobre
la soberbia y la intolerancia que abundan en nuestro país.
Entre el ir y venir
de las crisis y los éxitos, no hemos logrado entender el valioso papel que significan
estos temas, no tan solo en nuestra vida íntima o familiar, sino en esferas que hasta
hace poco se la consideraba un estorbo.
El chileno sufre de
un pavoroso empobrecimiento histórico que nos tiene sumidos en un nivel absoluto de
analfabetismo emocional. Estamos al tanto de los índices, de las fluctuaciones, de los
bits y de lo que sucede al otro lado del mundo, pero nada sabemos de nuestra vida afectiva
y emocional, por lo que continuamos exhibiendo gran torpeza en nuestras relaciones
personales.
Hemos desterrado
las emociones y la afectividad del palacio del conocimiento. Dolor y torpeza que afecta a
todos, pues si alguna cosa está democráticamente distribuida en nuestra
sociedad, es la
torpeza emocional. Ricos y pobres, iletrados y posgraduados, todos manifiestan igual nivel
de irracionalidad afectiva y analfabetismo emocional.
Nadie está
dispuesto a devolver un llamado telefónico, a conversar con un amigo, a
leer, a pensar y
reflexionar. Contamos nuestros bienes pero no nuestras pasiones.
Vivimos un mundo de
pequeñas relaciones corto-placistas, sin generación de redes y amigos. Nada debe
distraer al "conquistador" de su objetivo grandioso: someter a los demás a su
hegemonía política y a sus redes de mercado.
¿Como podemos
entonces definir la inteligencia emocional? Quizá como una interrrelación entre el
cerebro y el corazón. Una persona con elevado Q.I. posee alto nivel de competencia
técnica mientras que un elevado Q.E. significa un alto nivel de competencia humana.
La alfabetización
Emocional es la Segunda Revolución del Saber Básico. La primera fue hace casi 300 años
cuando las personas eran analfabetas racionales, que no sabían leer y escribir. Ahora
sucederá lo mismo con quienes olviden las emociones y las pasiones.
Entonces es posible
decir que el auto-conocimiento es el primer paso para alfabetizarse emocionalmente.
Después, la persona aprende con las otras personas a comprenderlas, a aceptarlas como
son, a confiar, valorizar y convivir adecuadamente.
Sin embargo en
nuestro país todos queremos cambiar el mundo, pero nadie quiere cambiarse a si mismo.
¿Cuales son las
características que pueden identificar a una persona que posee un alto grado de
Inteligencia Emocional(Q.I.)? A nivel Intrapersonal, puede ser el reconocer sus emociones
y como ellas se expresan, saber estimular las emociones agradables, controlar las
desagradables, usar pensamientos positivos, estimular la auto-estima, resignificar
pensamientos negativos transformándolos en positivos y mantener íntegra su propia
dignidad.
A nivel
Interpersonal, se reconoce la Q.I. a través de la empatía emocional con otra persona, al
saber respetar la individualidad, al hacer de la diversidad una unidad, estimulando la
dignidad humana entre las personas, sabiendo perdonar y pedir perdón, criticar, ayudar,
neutralizar ofensas y humillaciones recibidas, armonizar conflictos, irradiar energía
positiva y saber convivir.
Para responder
adecuadamente a este desafio, se requiere aceptar que no estamos frente a una situación
de crisis, sino que estamos enfrentando a un nuevo paradigma. Para aceptar el desafío,
los individuos deben desarrollar nuevos valores, como flexibilidad, curiosidad
intelectual, tenacidad, etc, en síntesis: ser pasionales y emprendedores.
Debe generarse un
equilibrio entre la parte puramente emocional y primitiva con la del cerebro racional. El
desequilibrio para lo emocional resulta en una persona muy "sensible" y
"emotiva", mientras que el desequilibrio para lo racional surge como una persona
"dura", "insensible" y "fria".
Según
investigaciones, el 70% de la lucratividad de una empresa está en la competencia humana e
un 30% en la técnica, lo que podría determinar que la Inteligencia Emocional es
indispensable en la construcción de la calidad. Donde ella existe no aparecen sabotajes,
desperdicios y re-trabajos que interfieren directamente en los costos. En su presencia se
permite el desempeño de verdaderos equipos.
Este maravilloso
desafío para nuestra generación, no se enseña por el momento en ninguna Universidad
local o extranjera, hay que buscarlo dentro de nosotros mismos. Quizá en neuronas
adormecidas de nuestro cerebro o quizá en nuestro propio corazón.
Como dijo hace
siglos Kalil Jibran; "...somos como un velero en medio del mar, el timón es nuestra
Razón, y nuestras velas junto con el viento son la pasión que nos impulsa. Si tenemos
solamente timón por más que lo moviéramos estaríamos estancados en medio del mar, y si
tuviéramos solamente velas, andaríamos sin rumbo a la deriva. Por este motivo, razón y
pasión, cerebro y corazón, pensamientos y emociones, deben ir juntos y en equilibrio,
porque nuestra Pasión da el impulso y nuestra Razón lo guía..."
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