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Marco
Aurélio Ferreira Vianna
Presidente do
Instituto MVC
Uno de los
paradigmas de la administración contemporánea, todavía en fase de análisis, lo
constituye la búsqueda del triunfo en vez de la victoria. Triunfar es diferente de
vencer. Vencer presupone una permanente preocupación por no crear, se genera un perdedor
para cada acción de crecimiento desarrollada.Uno gana y el otro pierde. Es por eso que el
verdadero triunfador busca, por encima de todo, construir un juego cuyo resultado final
sea una gama de hechos positivos. Triunfar no requiere que el otro pierda. Efectivamente,
cuando existe un ganador y un perdedor definidos de forma concreta, no hay contribución
alguna para el universo. Hay una suma cero. En casos extremos, se puede hasta crear un
resultado final negativo: la derrota es tan grande que el contenido de la victoria no es
suficiente para eliminar los males. La guerra puede ser el ejemplo más elocuente, donde
el triunfador deja una marca que no agrega valor alguno.
En la práctica esa
creencia en la victoria ha llevado a muchas empresas a no preocuparse de sus clientes y
proveedores, a bancos que encaran a sus clientes solo como números y centros de
utilidades, departamentos que se disputan entre si ciertos logros, etc.Es por eso que el
símbolo adecuado señala que ambos hechos, triunfo y victoria, se entrelazan, sugieriendo
que quien gana, siempre son dos: el capital y el trabajo, quien compra y quien vende, el
otro y yo. De esta manera se contribuye a agregar valor a la organización.
Mientras más
conozco e investigo a los triunfadores, más veo un eje común en ellos, y es el brillo de
sus ojos, la energía vital del placer por lo que hacen, que comúnmente se mezcla con el
orgullo de sus propias obras. Son los que dicen "ganas tu-gano yo".
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